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19/05/2011 Fernando Giuliani: Paz con desarrollo El psicólogo Fernando Giuliani brindará la conferencia inaugural en el 2º encuentro internacional de constructores de paz. Este artículo publicado en la Revista SIC es una introducción al reto de construirla desde el desarrollo. Etiquetas:pazdesarrollo localvenezuelafernando giuliani
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Fernando Giuliani *
Publicado en la Revista SIC 734
Constructores de paz

Los procesos de construcción de paz y desarrollo local se integran y articulan entre sí pues,  en la medida que se avanza en uno, se contribuye a avanzar en el otro.

Del mismo modo podemos también decir: no es posible alcanzar el desarrollo si no se cuenta con la paz necesaria para la convivencia y el quehacer humano. Y ésta no es posible si no se alcanzan los niveles de desarrollo que garanticen la vida digna y la sostenibilidad. Pero ni la paz ni el desarrollo surgen por sí solos sino que son el resultado de la reflexión, la creatividad, la voluntad, la planificación y la acción de individuos, grupos, comunidades, instituciones, empresas y una gran variedad de actores que, necesariamente, deben interactuar bajo acuerdos y consensos sustentados en la corresponsabilidad y el compromiso con el país.

 
 

La paz que queremos

La paz es un derecho que todas y todos tenemos y es también un viejo anhelo de la humanidad. La necesita el mundo y la necesitamos y anhelamos en Venezuela y es urgente y necesario que nos avoquemos a su construcción y su consolidación, entre todas y todos. Para ello también es necesario asumir que la paz no se remite, exclusivamente, a la ausencia de la guerra ni tampoco implica la inexistencia de conflictos. La paz debe expresarse en la convivencia y en una forma de resolver las diferencias de manera pacífica y respetuosa que sólo puede surgir de la garantía de la libertad plena, la justicia y la equidad. Así, por un lado, deben hacerse todos los esfuerzos para reducir las causas que subyacen a nuestros conflictos y, por otro, comprometernos a que su solución no implique la aniquilación ni la exclusión de nadie, así como tampoco la aceptación forzada o sumisa a la voluntad del más poderoso, sea éste el Estado, una corporación privada, o cualquier otro actor social, político o económico.

 

El desarrollo necesario

Buena parte de las condiciones que pueden contribuir a lograr esta paz, dependen del modo en que asumamos nuestro desarrollo, incorporando y articulando, al menos, tres dimensiones cuya integración apuntalan la sostenibilidad. La primera dimensión es la económica, la cual implica dinamizar la participación amplia en las cadenas productivas de actores públicos y privados que sumen tecnología y saberes que permitan elevar nuestra eficiencia, calidad y capacidad de trabajo. Esta dimensión económica debe basarse en el trabajo digno y productivo, útil tanto para quién produce como para la sociedad y para el país. En ese sentido, sigue siendo una tarea pendiente romper con la dependencia petrolera y diversificar estrategias sostenibles y sustentables que contribuyan a superar la pobreza. 

La segunda dimensión es la ambiental, la cual debe promover la interacción adecuada entre las personas, el medio ambiente natural y el medio ambiente construido. Este enfoque implica que la producción de bienes y servicios debe contemplar, rigurosamente, el problema de los recursos naturales renunciando a los patrones de producción y crecimiento sin límites así como a los de consumo ilimitado que ponen en riesgo el agotamiento de los recursos naturales. Esta dimensión también implica la planificación de la ocupación y uso del suelo bajo criterios que permitan construir hábitats humanos sostenibles en los cuales el intercambio con el ambiente haga uso adecuado de los recursos naturales y los espacios diseñados promuevan la convivencia sana. Todo ello nos muestra una concepción dinámica e integral del ambiente y nos propone una visión que va más allá del enfoque conservacionista tradicional. Esto significa que el ambiente es mucho más que los recursos ya que implica la interacción permanente entre las personas, la naturaleza y el medio construido, y el desarrollo debe medirse por indicadores que muestren este tipo de complejidad.

La tercera dimensión del desarrollo es la social, cuyo enfoque debe promover el fortalecimiento del tejido social a través de la organización y la participación así como la convivencia familiar, vecinal y comunitaria. Asimismo, esta dimensión debe promover el respeto a la diversidad, la cultura ciudadana y el desarrollo individual y colectivo que permita a las personas trascender hacia niveles más elevados, otorgándole un sentido a la existencia que vaya mucho más allá de la necesidad de supervivencia y la esclavitud consumista. En ese sentido, la concepción de lo social debe ir más allá de la visión tradicional, donde suele aparecer como un agregado de las otras dimensiones, y debe transformarse en una materia indispensable del desarrollo. Esta nueva visión ha ido ganando terreno dentro del marco de las ciencias sociales, de la economía y de la planificación y diseño de políticas públicas. Así, la dimensión social forma parte ineludible del desarrollo aportando indicadores tales como nivel de participación, confianza, cohesión, entre otros.

Pero para todo ello se requiere un sujeto (individual y colectivo) que, garantizadas sus necesidades básicas, sea capaz de asumir la complejidad de su realidad con herramientas adecuadas para el trabajo y para el discernimiento, orientado por valores de solidaridad, cooperación y respeto. Por eso es indispensable que en la implementación de estrategias para promover el desarrollo, se impliquen estrategias formativas que no se reduzcan a la capacitación instrumental (siempre necesaria pero no suficiente), sino que apunten al crecimiento mismo de capacidades que promuevan un discernimiento ético, así como interacciones y prácticas sociales que propicien la vida sostenible y sustentable para todos.

 

Muchos temas en el tapete

Ahora bien, partiendo del hecho de que el desarrollo tiene diferentes ámbitos de aplicación que van desde lo local hasta lo global y que todos ellos se articulan e integran de diferentes maneras, hemos puesto nuestra atención en el desarrollo local ya que es ahí donde están las relaciones más próximas, los arraigos más concretos, las culturas y las identidades más visibles. Es donde la escala humana se hace más nítida. No significa esto que desconozcamos los ámbitos más amplios del desarrollo, menos aún en los tiempos actuales cuando el conocido fenómeno de la globalización genera el acercamiento y la proximidad entre regiones remotas entre sí desde el punto de vista geográfico.

Así, en este próximo encuentro, estaremos discutiendo con participantes de nuestro país y con invitados de otros países latinoamericanos sobre temas como el sistema de justicia, la productividad, la educación y los valores, la perspectiva del género, vivienda y hábitat, niños/as y adolescentes, cultura ciudadana, entre otros, articulados todos con el asunto de la construcción de paz y el desarrollo local. Esperamos que este intercambio sea fecundo en cuanto a aprendizajes y a la esperanza de contribuir con la construcción de un mejor país. Compartiremos los resultados desde estas mismas páginas.

 
*Miembro del Consejo de Redacción de SIC.
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