Revista Comunicación

Diálogo y diatriba

La idea de la comunicación como diálogo no es novedosa, posiblemente sea esa la primera aproximación a lo que pueda –o deba– ser la comunicación humana y social: una forma de intercambio en presencia de un lenguaje, que permita poner cosas en común, sobre todo aquellas que en tanto dotadas de forma (in-forma) integran contenidos de la conciencia. ¿Pero cuál sería su contrario? ¿Acaso el silencio? ¿Acaso el ir y venir de emisiones contradictorias que aspiran la supremacía? ¿No es eso la diatriba?

Si aceptamos a la diatriba como el opuesto al diálogo y los proyectamos en perspectiva, tendremos que su alternancia pareciera indicarnos el tiempo del mundo, donde guerra y paz (o también podría decirse guerra y política) se suceden conforme los intereses particulares se concilian o enfrentan en sus respectivas formas de decir y en la perspectiva del ejercicio del poder, sea este normalizado por las instituciones o legitimado como práctica soberana. El caso particular de Venezuela no constituye una excepción, por el contrario, en él se configura un contexto para interpretar cómo en el ámbito de la comunicación pública, los usos del diálogo y los de la diatriba parecen alternarse, conforme las partes enfrentadas en la polarización política conforman una coyuntura que puede ser entendida a la luz de las estructuras que la soportan: en tránsito hacia un nuevo momento de la situación, quizás de mayor precisión política, quizás de mayor confrontación, pero en todo caso, concernida en la encrucijada que su alternancia pareciera proponer.

Transversalidades

 La comunicación es un sistema de prácticas, tecnologías y saberes en desarrollo continuo. Sus límites son cada vez menos claros y su estructura tiende a la entropía. Hoy está signada por la complejidad de los procesos, la desproporción de datos y la fragilidad de las identidades. También por la integración de voces alternativas y el refinamiento de los sistemas de censura. Es un dominio donde conviven de forma paradójica las libertades y las clausuras, los miedos y las luchas libertarias, y la transparencia junto a la opacidad. En sí, forma parte de una red interminable de disciplinas que están transformándose a grandes velocidades.

  El Foro Económico Mundial se refirió a cómo las habilidades de los seres humanos van a cambiar en los próximos cinco años. El detonante de esa alteración está en las transformaciones ocurridas en el mercado de trabajo. El inicio de una cuarta revolución industrial dominada por la robótica, la inteligencia artificial, los sistemas de transportes autónomos y la biotecnología, entre otros, ha traído nuevas exigencias. Para el año 2020 la solución de problemas complejos, el pensamiento crítico y la creatividad ocuparán los tres primeros lugares de la competitividad laboral. La comunicación es un actor principal en ese contexto en ciernes. Sus retos son inherentes a esa tríada y por eso hemos dedicado este número a explorar datos, ideas y problemas emergentes sin olvidar sus relaciones con la tradición.
 

Pantallas en expansión 

 El imaginario Aleph era una esfera tornasolada, cuyo diámetro no superaba los tres centímetros, pero que permitía ver todas las cosas. “En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición ni transparencia”. No es difícil hacer una analogía entre el objeto mágico pensado por el escritor argentino Jorge Luis Borges (1945) y los teléfonos “inteligentes” que desde cualquier lugar del mundo nos permiten ver, sincrónicamente, lo que ocurre en otra localización del planeta en la que haya un transmisor. El universo de una persona cabe en la palma de su mano, y accede a él a través de una pantalla.

  La centralidad de las pantallas es innegable en la sociedad globalizada. Es difícil disociar nuestro quehacer cotidiano del acceso a información a través de tecnologías como la televisión, la computadora o el celular. Desde lo banal hasta lo sublime, en nuestros equipos audiovisuales experimentamos la política, el trabajo, la ciencia, el entretenimiento y la diversión, y hasta nuestras relaciones personales. Ahora, con Internet y la cultura de la participación que se manifiesta en el contenido user-generated, no nos limitamos a ver lo que está en la pantalla, entramos en ella y nos representamos con la intención de que otros nos vean y nos escuchen.
 

Homozapping

 El potencial técnico acumulado gracias a las capacidades de procesamiento y transmisión según los principios de Moore, que han arribado a los cincuenta años, ha posibilitado la carrera hacia servicios de redes de teledifusión cada vez más diversificadas y de mejor calidad.

 Esta diversificación abarca las nuevas plataformas multimedia o polimedia y su calidad va acompañada no solamente de la velocidad de transmisión y mejor definición, sino de mayores posibilidades de interacción. Hoy las nuevas generaciones no conciben medios sin hipertextualidad, multimedialidad e interactividad.Por otra parte, estos dispositivos socio-técnicos o tecnologías sociales pueden desplegarse en diversas esferas de la vida social –webconomics, e-democracia, networking, cibercultura…–, a distinta escala (personal, comunitaria, masiva), con las distintas funcionalidades en la vida pública y/o privada, que siguen ampliándose de acuerdo a la creatividad humana y la competencia vertiginosa de las innovaciones digitales. La comprensión de este universo es una asignatura pendiente para los exploradores de las cambiantes funciones de los medios y de los distintos usos que les otorgan los consumidores, hoy también llamados prosumidores. Así, pues, la refuncionalización de los medios centra el interés principal de este número de la revista.

Política pública y ciudadanía

 Celebramos en el mes de noviembre de 2015 el cuadragésimo aniversario de nuestra revista Comunicación de la Fundación Centro Gumilla. Número de antología. Artículos de calidad académica y pertinencia social, fusionados con la Galería de Papel a cargo de Víctor Hugo Irazábal, Premio Nacional de Artes Plásticas. Satisfacción nuestra de haber alcanzado cuarenta años de perseverancia. Son 172 números y 1.490 artículos, estudios empíricos, reflexiones críticas en torno a la comunicación y la cultura, nada más y nada menos.

  Desde el número uno de Comunicación, década de los setenta, hemos insistido en esta loable misión pedagógica: “Conscientes de no estar en posesión de la fórmula para dotar a nuestros países de un sistema perfecto de comunicaciones, nada nos impide y mucho nos obliga a que lo sigamos buscando. Esa búsqueda tenaz es la gran tarea a la que se orienta, desde su mismo nacimiento, este modesto boletín”.

   Un ciber-pregonero haría pública esta primicia en la Matrix de los hermanos Wachowski: “La revista Comunicación piensa insistir pese a las adversidades económicas. Altos costos impiden su salida en impreso”. “Gobierno autocrático venezolano niega la inteligencia y la sociedad del conocimiento”.

 

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